Cajas de Seguridad (CAESACS) tendencias en seguridad y patrimonio
Aunque el imaginario colectivo asocia las cajas de seguridad únicamente con el depósito de divisas o lingotes de oro, la realidad de las bóvedas privadas revela una tendencia en firme: cada vez más argentinos y empresas acuden a estos espacios para resguardar objetos cuyo valor material o sentimental es completamente irremplazable.
Según datos relevados por la Cámara Argentina de Empresas de Servicio de Alquiler de Cajas de Seguridad (CAESACS), la motivación de los usuarios para contratar cofres blindados dio un giro sustancial en los últimos dos años. La búsqueda de protección ya no responde únicamente a la coyuntura financiera, sino al resguardo de patrimonio personal, legal y afectivo frente a robos residenciales, incendios, deterioro ambiental o contingencias operativas.
Desde la CAESACS también se informó que, la demanda de bóvedas privadas creció un 35% durante el último año y prevé rozar un 40% de incremento para el año en curso. Este fenómeno responde a una combinación estructural: la histórica preferencia de los argentinos por resguardar activos fuera del circuito bancario (estimada en un 75% por la Asociación de Bancos de la Argentina) y un cierre progresivo de más de 500 sucursales bancarias en los últimos cinco años (-11% de la red).
Además, la incorporación por parte de la mayoría de las empresas del sector de cofres con formatos adaptables (desde módulos para carpetas y joyas hasta cajas XL para archivos voluminosos u obras de arte) permitió que el 25% del parque operativo sea ocupado hoy por pymes, firmas de abogados y profesionales independientes.
¿Qué guardan los argentinos cuando no es efectivo?
El espectro de activos depositados en las cajas de seguridad no bancarias abarca diversas categorías estratégicas y personales. En primer lugar, se destaca el resguardo del legado familiar y de alto valor afectivo, que incluye joyas heredadas de varias generaciones, relojes de colección, piezas de orfebrería, cartas históricas y fotografías únicas; elementos cuyo valor emocional es incalculable y que ningún seguro monetario puede restituir.
A esto se suma la protección de documentación crítica y títulos irremplazables, tales como escrituras traslativas de dominio, pasaportes, contratos societarios, testamentos, certificados de adopción e instrumentos legales que requieren conservación en entornos con control de humedad y resistencia ignífuga.
Asimismo, la transformación tecnológica impulsa la custodia de nuevos activos digitales, desde discos rígidos con copias de seguridad de código fuente y claves privadas de acceso hasta tokens físicos y billeteras frías (cold wallets) de criptomonedas, complementados por el resguardo de arte de pequeño formato y coleccionismo, como piezas numismáticas, filatelia, documentos históricos firmados u obras en papel de alto valor patrimonial.
En paralelo, se da una transformación del sistema financiero argentino está reconfigurando la protección patrimonial. Mientras las entidades bancarias tradicionales aceleran su digitalización y reducen la atención presencial, la industria de las cajas de seguridad privadas dejó de ser un servicio de nicho para convertirse en un mercado estratégico e independizado que crece a doble dígito en todo el país.
“El concepto de ‘valor’ cambió drásticamente. El dinero se puede volver a ganar o reponer por vías financieras, pero un documento histórico, una joya familiar con significado afectivo o la propiedad intelectual de una empresa son irremplazables. Las familias y empresas buscan cofres blindados para tener la certeza absoluta de que su historia y sus activos vitales están protegidos ante cualquier eventualidad.”, expresó Juan Piantoni, CEO de INGOT y Presidente de CAESACS (Cámara Argentina de Empresas de Servicio de Alquiler de Cajas de Seguridad).